Espigolant pel rostoll morisc

Beniardá es un lugar que se ofrece a pie a la curiosidad de la gente. Desde la carretera se pueden contar las casas, una a una. Y desde el vecino Benimantell se puede seguir, incluso, el movimiento de las personas. Se vierte a la valle tal como es, mostrando todos sus secretos, si es que tiene. Un corto acueducto cruza en el camino formado como una puerta de entrada a la poblado, la primera casa de la que es su grupo escolar.

¡Buen señal! La enseñanza se da desde el principio. El viajero confía que todos los habitantes llegarán al final de la infancia sabiendo, si mas no, las primeras letras que los permiten de avanzar con independencia…

Beniardá, igual que el resto de núcleos de la valle de Guadalest, deja que broten sus raíces moriscas. El singularísimo trazado de sus pequeñas calles, la elección del lugar, los hábitos de su gente y más de un vestido hacen pensar en aquella pasada civilización – porque civilizados eran y creo que un poco más que aquellos que los expulsaron – que marcó una huella tan profunda en la nuestra tierra, donde dejaron un rastro muy sencillo de seguir. Aún se trabajan los campos – no todos – con los métodos creados por los antepasados de buen número de comarcanos. Y aún se siguen comiendo sencillos platos de la cocina morisca que no era mala, no…

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