Turismo

ACCESOS RÁPIDOS

De mis viajes a Beniarda

Enviar   Imprimir

Durante muchos viajes a Beniardá, pacífico y noble pueblo aproximadamente a setenta kilómetros de la ciudad donde vivo, Alicante, situado en el bello valle de Guadalest y lindante con otros pueblos que están dentro de este valle, Benimantell, Benifato, Abdet, Confrides, Guadalest, allí en su centro se enclava Beniardá. Es verdad que he pasado algunas fechas durante las cuatro estaciones del año, y en éstas he comprobado la belleza de los colores del campo, el verdor en primavera, el pajizo en estío, el tornasolado en otoño y el purpúreo en invierno, y siempre he encontrado la paz y la amistad de todos cuantos allí viven.

Su apacible plaza de Modesto Juan, siempre llamada «La Era», donde bajo la sombra de sus frondosos árboles me he encontrado feliz y gozado del frescor y del limpio aire que allí se respira admirando un plantel de rojos geranios que crecían en el hoy desaparecido Bar de Aurelia, donde se reunían muchos de los vecinos para jugar a las cartas y al dominó, bien cierto es que está el Bar de Gloria, popular en todo el pueblo y unos metros hacia arriba, en la carretera, el Mesón La Mezquita, donde se pueden encontrar platos suculentos propios de este lugar que, entre altas montañas, queda guardado entre estas alturas como apreciadísimo oasis.

Cuántas veces he disfrutado de una caudalosa fuente, la «Font Vella», rodeada y amparada por altos y gruesos eucaliptos y chopos que dan sombra a toda la plazoleta y al antiguo lavadero, donde tantas mujeres hacían su colada y aún hoy alguien la sigue haciendo. Allí he bebido la fresquísima y pura agua que día y noche mana desde años y más años.

Calle San Francisco abajo se llega hasta otra fuentecilla que se llaman «Fonteta Beltrán», un grueso tubo derrama la fresca agua que tantas veces apaga la sed a quienes por allí pasan o van a sentarse en unos bancos de cemento que a su lado existen, reposando al limpio vientecillo que de los montes trae aromas de tomillo, hierba buena y pino. También unos metros más adelante gusta uno de las dulces frutas que dan las zarzamoras, que en sus colores blanco y violeta crecen sin cuidado alguno de la mano del hombre. De allí y antes de ¡legar al puentecillo, multitud de cerezos, cuando están en flor, hacen de aquel paraje un hermoso y florido vergel, máxime cuando este vergel se extiende por todo el campo, blanqueado por miles de almendros en flor arropados por miles de centenarios olivos que, posteriormente, dan muchos miles de litros de buen aceite que sirven para alimento de tantas familias y que también dan unos suplementarios ingresos económicos nada despreciables. Unido a este gran caudal existe otro también muy importante, es el de unos pozos que mecánicamente lanzan verdaderas cataratas de una limpísima agua que, formando un río, serpentea por aquellos campos hasta llegar al pantano de Guadalest formando un gran mar donde, como si fuera de cristal, se reflejan los montes con sus arboledas y pinadas hasta que, al caer la tarde, ocultándose el sol lentamente, dejan ver un mágico espectáculo que no se olvida fácilmente y digno de que la paleta de un famoso pintor lo traslade a un lienzo, porque es una verdadera obra de arte que la Naturaleza regala.

Si levantamos nuestros ojos a lo alto en la parte este nos encontramos la «Coveta Mixorn», un original y antiquísimo reloj de sol que muchísimos años atrás fue el reloj solar por el que los labradores seguían la hora del día.

Levantando nuestra vista a lo alto de los montes del sur, allá a lo alto existe la peña «Caste-llet», vestigio de la dominación árabe, punto estratégico de los moros que dominaban desde allí todo el amplio y hermoso valle. Existen otros vestigios árabes tal y como si el tiempo no hubiera transcurrido, ya que algunas casas son de aquella época y que se mantienen con sus piedras y argamasas. Quienes allí viven mantienen sus puertas con floridos jardines de geranios de todos los colores mezclados con rosales, galán de noche y jazmines que impregnan el aire con su perfume acariciador.

Siguiendo hacia el noroeste nos encontramos con otro valle que se llama «La Mezquita», huerta que tantos frutos da y que es regada por abundante agua de un manantial que nace en el viejo molino de harina.

Y llegamos hasta la romántica y artística iglesia donde el sonoro reloj de su esbelta torre, con dulces campanadas, da las horas del día y la noche; allí, en aquel hermoso templo se celebra, en especial con cánticos celestiales, la fiesta a la Virgen de los Dolores; una fiesta que atrae a centenares de personas que disfrutan durante los días 2, 3, 4 y 5 de agosto de una hermosa procesión, a la que asiste todo el pueblo con sus mejores galas; así mismo, uno de estos días, también se celebra un acto religioso en honor de San Francisco y que en el arco de la misma calle está situada la capillita al Santo. Después, la.alegría se desborda por todos los rincones del pueblo, cabalgatas, bailes, castillos de fuegos, cenas al aire libre, música, iluminación extraordinaria y tantas otras alegrías que esos días hacen felices a todos los habitantes de Beniardá y a quienes lo visitan.

Todo lo tiene este apacible y noble pueblo de Beniardá, y yo tengo el privilegio de gozar de todo ello porque, aunque tardo en visitarlo, un buen amigo me envía frutos de esa maravillosa tierra que Dios puso en el centro de un hermoso valle llamado Valle de Guadalest.

Hoy no disfruto de ello por la pérdida de mi visión, mas aún me queda ilusión por recordar lo BELLO.

PABLO PORTES


ÁREAS